El Arte del desapego

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Imagina que te encuentras en una sala de conciertos escuchando los
compases de la más melodiosa de las músicas y que, de pronto,
recuerdas que se te ha olvidado dejar cerrado el automóvil. Comienzas
a preocuparte y ni puedes salir de la sala ni disfrutar de la música. He
ahí una perfecta imagen de la forma que tienen que vivir la vida la
mayoría de los seres humanos.


Porque la vida, para quienes tienen oídos para oír, es una sinfonía;
pero es rarísimo el ser humano que escucha la música. ¿Por qué?
Porque la gente está demasiado ocupada en escuchar los ruidos que
sus circunstancias y su “programación” han introducido en su cerebro.
Por eso,,, y por algo más: sus apegos. El apego es uno de los
principales asesinos de la vida. Para escuchar de veras la sinfonía hay
que tener el oído lo bastante sensible como para sintonizar con cada
uno de los instrumentos de la orquesta. si únicamente disfrutas con los
instrumentos de percusión, no escucharás la sinfonía, porque la
percusión te impedirá captar el resto de los instrumentos . lo cual no
significa que no puedas preferir dicho sonido, o el de los violines, o el
piano, porque la mera preferencia por uno de los instrumentos no
reduce tu capacidad de escuchar y disfrutar de los demás. Pero, en el
momento en que tu preferencia se convierta en “apego”, te harás
insensible a los restantes sonidos y no podrás evitar el minusvalorarlo.
Tu apego excesivo a un determinado instrumento te cegará, porque le
concedes un valor desproporcionado.


Fíjate ahora en una persona o cosa por la que experimentes un apego
excesivo: alguien o algo a quien hayas concedido el poder de hacerte
feliz o desdichado. Observa cómo – debido a tu empeño en conseguir a
esa persona o cosa- pierdes sensibilidad con relación al resto del
mundo. te has insensibilizado. ten el coraje de ver cuán parcial y ciego
te has vuelto ante ese objeto de tu apego

Meditación 10, Anthony de Mello

El Arte de entrar en contacto con toda la riqueza de la vida

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Cuando te libras de tu miedo de fracasar, de tus tensiones de triunfar, puedes ser tú mismo.

Siéntate tranquilamente y observa cómo funciona tu mente, de la que brota sin cesar un flujo de pensamientos, sensaciones y reacciones. Dedica largos ratos a observarlo todo ello del mismo modo en que contemplas un río o una película. No tardarás mucho tiempo en descubrir que es aún más interesante, vivificante y liberador. Después de todo, ¿acaso puedes afirmar que estás vivo si ni siquiera eres consciente de tus propios pensamientos y reacciones? Se dice que la vida inconsciente no merece ser vivida. Podría afirmarse que ni siquiera puede ser llamada “vida”, porque es una existencia mecánica, de “robot”; porque se parece más al sueño, a la falta de sentido, a la muerte… Y, sin embargo es esto lo que la gente llama “vida humana.

Así pues. mira, observa, examina, explora… y tu mente se hará viva, eliminará su “grasa” y se tornará perspicaz, despierta y activa. Los muros de tu prisión se desplomarán hasta que no quede piedra sobre piedra, y tú te verás agraciado con la visión nítida y sin obstáculos de las cosas tal como son, con la experiencia directa de la realidad.

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Una llamada al amor, Anthony de Mello

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El arte de soltar

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“No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, extasiado se retorcerá ante ti”. Franz Kafka

Dejar ir, soltar es una manera de dejar que las cosas sean, de aceptar las cosas como son.

Para describir esta actitud fundamental en mindfulness, se utilizan las palabras ceder (traducción que aparece en el libro Vivir con plenitud la crisis de Kabat-Zinn), desapego, dejar ir, soltar…

Cuando me he puesto a escribir, he escogido soltar para el título porque es el verbo que más me resuena. Cuando digo soltar, pienso en una mano que se abre. En cómo toda la resistencia que se está haciendo para retener algo se libera, pasando de un estado de contracción a la expansión, a la apertura. El tránsito de la rigidez a la flexibilidad. Prueba a cerrar la mano, ahora aprieta el puño. Aprieta como si estuvieras aferrándote a algo que no quieres que se vaya. Ahora suelta…

Puedes escoger la palabra que quieras, la que te lleve a lo más importante: la esencia. Y lo esencial en esta actitud de mindfulness es dejar que tu experiencia sea la que es , y practicar observándola en cada momento.

Cuando comienzas a prestar atención a tu experiencia interior descubres que existen algunas ideas y sensaciones a las que da la impresión de que tu mente quiere adherirse. Si te resultan agradables, intentas prolongarlas, dilatarlas, convocarlas una y otra vez. Asimismo, existen otras experiencias que tratas de evitar, o de las que intentas liberarte o protegerte, bien porque te resultan desagradables o dolorosas o porque, de alguna manera, te dan miedo.

En la práctica de meditación lo que haces es dejar que tu experiencia sea la que es y practicas observándola. Así, de forma deliberada, dejas de lado esa tendencia a rechazar determinados aspectos de tu experiencia y a encumbrar otros.

Puede resultarte difícil, recuerda que soltar es una forma de dejar que las cosas sean como son y de aceptarlas. Cuando veas que tu mente juzga tu experiencia, deja que esas ideas enjuiciadoras se vayan. Reconócelas y suéltalas, no las persigas. Igualmente cuando te vengan ideas del pasado o del futuro, déjalas en paz, sólo permanece alerta.

Puede suceder que te domine, de forma especial la mente, alejar algo de ella, entonces puedes dirigir tu atención a lo que sientes “aferrándote” a ello. Aferrarse es justo lo contrario de alejar. Puedes observar tus propios apegos, con independencia de cuáles sean y de sus consecuencias en tu vida, y en qué sientes en esos momentos en que, por fin, cedes, así como, también cuáles son las consecuencias de ello. La disposición a mirar las formas en que te aferras muestra, en el fondo, mucha experiencia en lo contrario, de modo que, tengas o no éxito en desasirte, la atención plena sigue enseñándote si te dispones a ello.

Fuentes:

Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn (Ed. Kairós)