El arte de sostener el momento

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“Bebemos una taza de té, pero no somos conscientes de que la estamos bebiendo. Nos sentamos junto a la persona que amamos, pero olvidamos que está allí. En lugar de vivir el momento estamos en otro sitio, pensando en el pasado o en el futuro. Debemos iluminar con la luz de la consciencia todo cuanto hagamos para que la oscuridad que provoca la falta de atención desaparezca. La primera función de la meditación es Detener.”
Thich Nhat Hanh

El arte de aceptar: aceptArte

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“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Carl Gustav Jung

En el transcurso de nuestro día a día desperdiciamos con frecuencia una gran cantidad de energía negándonos a lo que constituye ya un hecho y resistiéndonos a él.

La aceptación significa ver las cosas como son en el presente.

La aceptación es una de las siete actitudes básicas de la práctica de la atención plena (no juzgar, paciencia, mente de principiante, confianza, no esforzarse, aceptación y ceder).

Si tenemos un dolor de cabeza, aceptemos que lo tenemos, antes o después tendremos que adaptarnos a las cosas tal y como son y aceptarlas, bien sea el diagnóstico de una enfermedad o la muerte de un ser querido.

“Acepta, no es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”. Dalai Lama

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Cuando obras resistiéndote, lo que haces es intentar forzar las situaciones a que sean como te gustaría que fueran, lo que genera más tensión e impide que se produzcan los cambios positivos. Puedes ocupar prácticamente toda la energía en negar, forzar y luchar sin dejar fuerzas para sanar y crecer.

El ahora es el único tiempo con que cuentas para lo que sea. Tienes que aceptarte como eres antes de que en realidad puedas cambiar. 

Si tienes algunos kilos de más, ¿por qué no aceptarlos como descripción de tu cuerpo en ese momento? Si, por ejemplo, tu cuerpo no te gusta, no sirve de nada esperar hasta que tengas el peso que crees que deberías tener para que empezar a que tu cuerpo te agrade y te gustes a ti mismo. Puedes gustarte con el peso que tienes en este momento porque es el único instante que tienes para gustarte. Cuando comienzas a pensar de esta manera, el hecho de perder peso deja de tener importancia y además se hace mucho más fácil.

“Mediante el cultivo intencionado de la aceptación, creas las condiciones previas a la sanación”.

La aceptación no quiere decir que tenga que gustarte todo o que hayas de adoptar una postura pasiva y abandonar tus principios y valores. No significa que estés satisfecho con las cosas como son o que te resignes a tolerar las cosas como “tienen que ser”. No implica que debas cesar en tus intentos de romper con tus propias costumbres autodestructivas, ni darte por vencido en tu deseo de cambiar y crecer: la aceptación es llegar a la voluntad de ver las cosas como son.

Esta actitud prepara el escenario para que , pase lo que pase, puedas actuar de la forma adecuada en tu vida. Lo más probable es que seas tú mismo quien sepa lo que hay que hacer y tengas la convicción interna de actuar cuando cuentes con una visión clara de lo que ocurre, en vez de que tu visión esté nublada por temores y prejuicios.

Con la practica de la meditación, cultivas la aceptación tomando cada momento como te llega y estando lleno con él como es. Intentas no imponer tus ideas sobre lo que deberías sentir, o pensar, o ver en tu experiencia, sino solo acordarte de mostrarte receptivo y abierto a lo que sientas, pienses, o veas, y de aceptarlo porque está aquí y ahora.

Si mantienes tu atención conectada en el presente, puedes estar seguro de una cosa: sea lo que sea lo que tienes delante en este momento, cambiará y te proporcionará la ocasión de practicar la aceptación con independencia de lo que vaya a surgirte en el momento siguiente.

 

 

Fuentes:

Vivir con plenitud la Crisis, Jon Kabat-Zinn. Ed. Kairós

El arte de hacer de verdad lo que estás haciendo: atención plena en tu día a día

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“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.” Marcel Proust

Prestamos poca o ninguna atención a la mayoría de nuestras actividades diarias. Nos pasamos la mayor parte del tiempo funcionando con el piloto automático. Aplicar la meditación a lo que hacemos en nuestro día a día no es sencillo, requiere un firme compromiso. El reto estriba en convertir la calma, el equilibrio interior y la visión clara en parte de nuestra vida cotidiana.

Un músico, aunque domine la técnica de su instrumento, sigue ejercitándose en su práctica constantemente.

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La meditación sedente es el entorno en el que ejercitas las habilidades fundamentales, en el que te adiestras y depuras, pero de nada sirve una meditación que no  aplicas  a tu vida.

La meditación no se reduce a una postura ni a una serie de ejercicios mentales, sino que consiste en el cultivo de la atención plena y en la puesta en práctica de esa atención.

La atención plena se cultiva, preferentemente, en posición sedente y en un entorno silencioso porque es la situación más adecuada. Meditar en movimiento resulta más complicado, y en medio de una actividad ruidosa y más rápida, más difícil todavía.

Cuando terminas tu sesión de práctica (sentado, tumbado o en la postura que hayas escogido) comienza el arte de aplicarla en tu día a día.

No es necesario, para meditar, que estés sentado, puedes hacerlo mientras escribes en el ordenador, te duchas, lavas los platos, te lavas los dientes, al comer…puedes intentar llevar atención en cada momento a tus tareas, a tu experiencia, a las personas que cuidas, al abrazar a alguien, a tu entorno, al sol, a la lluvia, al viento, a los árboles, a  los paisajes y sonidos de tu camino al trabajo o a cualquier lugar. Es un tipo de conciencia que puede aplicarse a todas y cada una de las actividades de tu vida.

Al aportar atención plena a una actividad o experiencia, se te hace más vívida, más brillante y más real. En parte, se hace más vívida porque la corriente de tu pensamiento se asienta un poco y existen menos posibilidades de que se interponga entre ti y lo que en realidad sucede.

Cuando conectas con la respiración y tu conciencia está de forma plena en que lo estás haciendo, algo cambia y simplemente eres.

Así que esta claridad y esta plenitud más profunda puedes experimentarla en tus actividades diarias de la misma manera que las sientes al hacer las prácticas formales (la meditación sentada, exploración corporal, yoga…).

Cuando practicas la atención plena con regularidad, tiende de forma natural a impregnar tu vida diaria y puedes experimentar como tu mente se vuelve, al mismo tiempo, más tranquila y menos reactiva.

La práctica formal de la atención plena incrementa tu capacidad de afrontar la totalidad de tu vida con conciencia de cada momento.

Si eres capaz de estar presente al realizar actividades rutinarias diarias, si estás dispuesto a recordar que esos momentos pueden ser momentos de atención tranquila y alerta, además de ratos en los que haces las cosas que ‘han de hacerse’, puedes encontrar con que disfrutes más del proceso.

Por ejemplo, si conviertes la limpieza de la casa en parte de tu práctica meditativa, esta tarea rutinaria puede transformarse en una experiencia realmente nueva. Puedes incluso llegar a realizarla de distinta forma o con distinta intensidad, o quizás  llegar a ver con mayor profundidad tu relación con el orden y la limpieza.

El objetivo de la práctica de la atención plena consiste en llegar a ser continua y plenamente consciente, instante tras instante, de todas las facetas de tu experiencia. No es sencillo, tómatelo con calma y permite que tu capacidad se vaya fortaleciéndose poco a poco.

Fuentes:

El libro del mindfulness, Bhante Henepola Gunaratana Ed. Kairós

Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn. Ed. Kairós.