El arte de amar

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“El amor es la preocupación activa por la vida y crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa no hay amor…”

“El amor del hombre es una fuerza activa que derriba los muros por los que el hombre está separado de sus prójimos, y que los une con los otros. El amor le permite superar el sentimiento de aislamiento y separación, pero le permite también permanecer fiel a sí mismo y conservar su integridad, su ser-así. En el amor se da la paradoja de que dos seres llegan a ser uno y, sin embargo, siguen siendo dos… El amor es una actividad, y no un afecto pasivo. Se puede describir, de una forma muy general, con la afirmación de que el amor es, sobre todo, un dar y no un recibir.”

“Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal cual como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es ovbio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, si tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: “l’amour est l’enfant de la liberté”, dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.”

Erich Fromm, El arte de amar

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Mantra para la Autocompasión

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Con la autocompasión nos damos la misma amabilidad y cuidado que daríamos a un amigo cuando estás pasando por un momento difícil, fracasaS o notas algo que no te gusta de ti mismo. En lugar ignorar tu dolor con una mentalidad rígida y estricta, te detienes a decirte a ti mismo: “esto es realmente difícil en este momento, ¿cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento?”

En lugar de juzgar y criticarte sin piedad por cualquier deficiencia, la autocompasión significa que eres amable y comprensivo cuando te enfrentas a fallos personales. Después de todo, ¿quién dijo que se supone que eres perfecto?

Cuando te encuentres atravesando dolor emocional o encuentres algo de ti mismo que no te guste puedes decirte a ti mismo las siguientes palabras:

Este es un momento de sufrimiento


El sufrimiento es parte de la vida


Que pueda ser amable conmigo


Que pueda aceptarme tal cual soy

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La investigación muestra que cuanto más autocompasiva y menos autocrítica es una persona, menores son sus niveles de cortisol y más saludable es su ritmo cardiaco. Esto sugiere que son capaces de enfrentarse a los retos de la vida con mayor equilibrio emocional.

La autocompasión nos aporta la valentía y el sosiego necesarios para mirar de frente las emociones no deseadas.

Los sentimientos dolorosos son pasajeros por naturaleza, siempre que no los prolonguemos o identifiquemos mediante la resistencia o la evitación. Quizás lo más importante es que tener compasión por uno mismo significa que honras y aceptas tu humanidad. Las cosas no siempre irán como quieres. Encontrarás frustraciones, habrá pérdidas, cometerás errores, te toparás con tus limitaciones y no cumplirás tus ideales. Esta es la condición humana, una realidad compartida por todos nosotros. Cuanto más abres tu corazón a esta realidad en lugar de luchar constantemente contra ella, más podrás sentir compasión por ti y por todos los demás humanos en la experiencia de la vida.

 

Fuente: Sé amable contigo mismo, Kristin Neff

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Explora la autocompasión mediante una carta a ti mismo.

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“No siempre podemos obtener lo que queremos. No siempre podemos ser la persona que queremos ser. Cuando negamos o resistimos esta realidad, el sufrimiento surge en forma de estrés, frustración, y auto-crítica. Sin embargo, cuando esta realidad es aceptada con benevolencia, generamos emociones positivas como la compasión y el cuidado, las que nos ayudan a enfrentar nuestra situación” – Kristin Neff.

En este post te traemos un ejercicio para que explores la autocompasión. La compasión es un sentimiento que conlleva el querer ayudar a una persona que está sufriendo. La palabra compasión nos evoca ideas como “ternura”, “bondad” y “comprensión”.

La mayoría de nosotros tratamos de ser compasivos con los demás, pero a menudo no somos compasivos con nosotros mismos, nos resulta difícil practicar la autocompasión.

La autocompasión implica ser cálidos y comprensivos con nosotros mismos cuando sufrimos, fracasamos o nos sentimos inadecuados, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica. Las personas con autocompasión reconocen que ser imperfecto, fallar y experimentar dificultades en la vida es inevitable, por lo que tienden a ser amables consigo mismos cuando se enfrentan a experiencias dolorosas en lugar de enojarse cuando la vida no cumple con los ideales establecidos.

No siempre puedes ser ni obtener exactamente lo que quieres. Cuando esta realidad se niega o se lucha contra el sufrimiento aumenta en forma de estrés, frustración y autocrítica. Cuando esta realidad es aceptada con simpatía y amabilidad, se experimenta una mayor ecuanimidad emocional.

La buena noticia es que puedes decidir practicar la autocompasión, y si tienes problemas para hacerlo, puedes aprender. A continuación, te detallamos un método a través de la escritura.

  1. Piensa en una aspecto que te haga sentir mal contigo mismo

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Todos tenemos algo que no nos gusta de nosotros mismos, algo que nos hace sentir vergüenza, inseguridad o pensamos que no es “suficientemente bueno”.

“La imperfección forma parte de la condición humana, y los sentimientos de fracaso e inadaptación son inherentes a la experiencia de vivir”.

Piensa en algún aspecto que te haga sentir mal contigo mismo, puede ser el aspecto físico, el trabajo, una relación…

¿Cómo te sientes interiormente al pensar en el aspecto que has escogido?

¿Asustado, triste, deprimido, inseguro, enfadado?

¿Qué emociones se desencadenan cuando piensas en ese aspecto de ti mismo?

Intenta ser emocionalmente honesto y no reprimas ningún sentimiento, pero tampoco te pongas melodramático.

Simplemente trata de sentir tus emociones exactamente como son, ni más ni menos.

  1. Escribe una cartajan-kahanek-184675-unsplash.jpg

Ahora piensa en un amigo imaginario o real que tiene una actitud cariñosa, tolerante, amable y compasiva. Imagina que ese amigo ve todos tus puntos fuertes y débiles, incluyendo el aspecto sobre ti mismo sobre el que acabas de reflexionar. Piensa en lo que siente ese amigo por ti, en cómo te quiere y te acepta tal como eres, con todas tus imperfecciones humanas. Ese amigo reconoce los límites de la naturaleza humana y es agradable y comprensivo contigo.

En su gran sabiduría, entiende tu historia vital y las miles de cosas que te han ocurrido y que han hecho de ti la persona que eres. Tus defectos están relacionados con muchas cosas que no siempre has escogido: tus genes, tu historia familiar, tus circunstancias vitales…. Elementos que están fuera de tu control.

Escribe una carta dirigida a ti mismo desde la perspectiva de ese amigo imaginario. Céntrate en los defectos por los que tiendes a juzgarte:

¿Qué te diría tu amigo sobre tu defecto, desde la perspectiva de una compasión ilimitada?

¿Transmitiría la compasión profunda que siente por ti, sobre todo por lo incómodo que te sientes cuando te juzgas con tanta dureza?

¿Qué escribiría ese amigo para recordarte que eres humano, que todas las personas tenemos puntos fuertes y débiles?

Y si crees que ese amigo podría sugerirte posibles cambios, ¿Cómo serían esas sugerencias si surgieran de un profundo sentimiento de comprensión y compasión incondicionales?

Mientras te escribes a ti mismo desde la perspectiva de ese amigo imaginario, trata de llenar tu carta de un claro sentido de aceptación, amabilidad, cariño y deseo de salud y felicidad por parte de esa persona hacia tía.

Cuando termines la carta, déjala un momento. Después reléela y deja que las palabras te inunden. Siente cómo te llega la compasión, cómo te calma, y te consuela como si se tratase de una brisa fresca en un día muy caluroso. El amor, la conexión y aceptación son derechos de nacimiento. Para reclamarlos sólo tienes que mirar en tu interior,

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Fuente: Sé amable contigo mismo, Kristin Neff

El arte de cultivArte: Vivir con bondad

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“En la bondad se encierran todos los géneros de sabiduría”. Ernesto Sábato

Siguiendo con la metáfora del jardín del post anterior  https://mindfulnessartes.wordpress.com/2018/03/25/el-arte-de-cultivar-buenos-habitos-cultivarte/ ,  para desarrollar paz y quietud en la meditación, se requiere una conciencia bondadosa. Por ello, la mayoría de los buenos maestros de meditación fomentan una conciencia cálida, amable y amistosa. La bondad es una de las cualidades más poderosas que puedes cultivar.

Recordemos que el cerebro es como velcro para las experiencias negativas, pero un teflon para las positivas y que la buena noticia es que puedes romper este sesgo cultivando optimismo.

Una de las cosas más importantes que ha descubierto sobre la amabilidad y la ternura, Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

El ser humano forma parte de la totalidad, llamada por nosotros Universo, una parte limitada en el espacio y el tiempo que, en una suerte de ilusión óptica de la conciencia, se experimenta a si mismo como algo separado del resto. Esta ilusión es una especie de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos personales y al afecto por unas cuantas personas cercanas. Nuestra tarea consiste en liberarnos de esta prisión, expandiendo el círculo hasta que nuestra compasión acabe abrazando a todas las criaturas vivas y a la naturaleza entera, en toda su belleza.

Albert Eistein. Carta a New York Post 1972

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Para nutrir la semilla de la bondad y ayudarla a crecer puedes utilizar la meditación. El objetivo de cualquier práctica de meditación es entrenar la mente, lo que conlleva elevar y transformar la conciencia. Y para este caso en particular puedes utilizar la meditación Metta Bhavana. “Bhavana”  hace referencia a cultivar, desarrollar, dar vida… y metta alude al amor, la amistad o la bondad (el término metta proviene del pali y tiene que ver con mitta que significa “amigo”). Con la práctica de esta meditación, activamente, cultivas estados mentales muy positivos hacia ti mismo, así como también hacia otras personas.

“Que todos los seres que existen, débiles o fuertes, largos o grandes, medianos o bajos, pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos, cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los seres sin excepción estén felices”Metta Sutta, Discurso del amor incondicional.

 

Proviene de la tradición budista, pero puede ser adaptada y practicada por cualquier persona, independientemente de su religión, ya que la meditación de la bondad amorosa es esencialmente acerca del cultivo del amor.

Practicar esta meditación te ayuda a traer más armonía a tu contacto con los demás, reducir los conflictos, resolver dificultades existenciales y profundizar en las relaciones con la gente que convives. Asimismo, puedes aprender a apreciar mejor a los demás, concentrándote en sus cualidades positivas y haciendo menos caso a sus errores. Te puede ayudar a tener más empatía, a ser más considerado, amable y tolerante, a superar la ira y el resentimiento.

En la meditación de metta bhavana se formulan diversos deseos de manera explícita aspirando al bienestar de diferentes clases de seres. Traemos a la mente a estas categorías de seres y dirigimos hacia ellos pensamientos de amor y bondad.

Práctica de la Metta Bhavana: 5 ETAPAS

La práctica de esta meditación se práctica en las siguientes 5 etapas:

1ª: Metta hacia uno mismo

2ª: Metta hacia un amigo

3ª: Metta hacia una persona neutral

4ª: Metta por un enemigo

5ª: Metta hacia todos los seres

Lo recomendable es elegir a cada una de las personas antes de comenzar la meditación para no destinar tiempo durante la misma en buscar.

Uno de los métodos que se utilizan en esta práctica y el que hemos elegido es utilizar frases del tipo:

“Que esté bien”

“Que sea feliz”

“Que esté libre de sufrimiento”

No hay un límite para las palabras o frases que puedes emplear.

Primera etapa: Metta hacia uno mismo 

Metta se practica primero hacia uno mismo, ya que a menudo tenemos dificultad para amar a otros si primero no nos amamos y tratamos adecuadamente a nosotros mismos. Difícilmente puedes sentir bondad hacia otros seres si no te sientes bien contigo mismo. Para ello primero hemos de cultivar respeto hacia nosotros mismos, ir soltando la costumbre de autocriticarnos y permitir que surja la realidad objetiva de la situación.

Sucede que ser amable contigo mismo es, a menudo, la parte más difícil, pero es muy importante practicarla con el fin de ayudarte con las emociones negativas que pueden obstaculizar la capacidad de generar ese amor compasivo hacia los demás.

Así que prestas atención a tu postura, a tu cuerpo y repites las frases que hemos citado anteriormente u otras a tu manera con deseos de bondad y bienestar:  Que esté bien…que sea feliz…que esté libre de sufrimiento…Al decir las frases, es importante que las sientas y que estés atento al efecto que tienen en ese momento. Por ello déjate el espacio suficiente para profundizar en la conciencia de tus sentimientos y emociones entre frase y frase.

Segunda etapa:

A partir de practicar metta hacia ti mismo, comienzas una secuencia de expansión que se inicia dirigiendo metta hacia una amiga o amigo por el que ya sientes afecto. Lo que haces es fortalecer este afecto. De modo que vuelves a centrarte en tu respiración, en tu cuerpo y traes la imagen o el recuerdo de esta persona a tu conciencia y comienzas a generarle buenos deseos con las mismas frases: que estés bien, que seas feliz…

Tercera etapa:

Continuamos expandiendo metta y ahora lo llevamos a una persona que nos resulta, de alguna manera, indiferente e intentamos reconocerla como lo que es, un ser humano igual que nosotros, y reconocemos en él que probablemente sufrimos por cosas muy parecidas y también que la alegría y el bienestar surgen de fuentes similares.  Así que escoges a alguien por el cual no sientas emociones positivas ni negativas. Podría ser alguien que ves con regularidad en la calle, en el autobús o en el metro, un vecino…y lo traes a tu conciencia y realizas la misma práctica de deseos bondadosos que en las anteriores etapas, tomando conciencia de tus emociones en cada momento.

Cuarta etapa: 

En esta etapa de la meditación traes deliberadamente a alguien con quien tienes algún conflicto y les deseas bien. Esta es la parte más complicada de la meditación, pero limpiar el resentimiento es necesario para cultivar metta. Puede ser una persona con la que simplemente estas irritado, o puede haber un conflicto más arraigado, aunque si estás comenzando es mejor comenzar con un con una persona con la que tengas una dificultad más leve. Asimismo, le dedicas deseos de bienestar y felicidad como en los pasos anteriores, siempre atento a tus emociones y el efecto que tienen en tu cuerpo.

Quinta etapa

En la quinta y última etapa extiendes tus deseos de metta hacia todos los seres humanos, hacia todos los animales de todas las especies, hacia todo el planeta… Y lo realizas del mismo modo: que todos los seres estén bien, que sean felices, que estén libres de sufrimiento…Y no olvides tomar conciencia de cómo te sientes en ese momento.

Te sugiero que practiques cada etapa durante un periodo de tiempo antes de pasar a la siguiente, por ejemplo, a partir 5 minutos con cada uno de ellos. Y recuerda que cualquier emoción que estés sintiendo, ya sea buena, mala o neutra, está bien.

El amor es una de las emociones más grandes que puedes experimentar y cultivar. Si practicas esta meditación con regularidad, te puede ayudar a sembrar una actitud positiva hacia ti mismo y hacia otros. Te animo a cultivarla y explorar sus efectos.

 

 

 

El arte de amarte a ti mismo

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Un tiempo vendrá
en el que, con gran alegría,
te saludarás a ti mismo,
al tú que llega a tu puerta,
al que ves en tu espejo
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fuiste tú mismo.
Ofrece vino, Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida. 

El amor después del amor,  Derek Walcott

 

Fotografía: Esther Fernández

El arte de conectar

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Fotografía: Esther Fernández, equilibrio cielo y tierra.

La práctica de la atención te enseña a escuchar a tu cuerpo a través de todas las ventanas sensoriales y a atender al flujo de tus pensamientos y sentimientos, iniciando así el proceso de restablecimiento y fortalecimiento de la conexión con tu propio paisaje: Conectar con tu vida interna y externa. Conectar con tus sensaciones, conectar con tus percepciones, conectar con tus impulsos, conectar con tus emociones, conectar con tus pensamientos, conectar con lo que dices y conectar con tu cuerpo. Conectar con el mundo de los sabores, los olores y el tacto. Conectar con el presente, el único instante al que puedes acceder. Conectar con los sonidos. Conectar con el mundo externo, con el efecto que provocas en los demás, con lo que les preocupa y les interesa. Conectar con tu paisaje interno y externo… y experimentar la vida como un milagro.