Los pensamientos no son hechos

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Los pensamientos constituyen una de las principales causas del estrés cuando quedas atrapado en su ciclo creyéndolos. Normalmente, cuando surge un pensamiento, solemos tomarlo al pie de la letra, solemos creer lo que nos está diciendo, y luego vemos el mundo desde la óptica de este pensamiento.

“No te creas todo lo que piensas. Los pensamientos no son más que eso: pensamientos”. Allan Lokos

Un error muy extendido es creer que meditar significa “dejar la mente en blanco”, lo cual es imposible: los pensamientos siempre se hallarán presentes durante tu meditación. La cuestión no es cómo puedo deshacerme de mis pensamientos sino como trabajar con ellos.

Pero no podemos dejar de pensar.

Una de las habilidades que se desarrollan con mindfulness es darse cuenta de los pensamientos a medida que surgen en la mente y dejarlos ir. 

Con mindfulness simplemente intentamos ser conscientes de cualquier cosa que ocurra en el momento presente, incluyendo los pensamientos.

Intentamos hacerles sitio, observándolos como pensamientos, y dejándolos estar. Cuando te das cuenta de que los pensamientos son solo pensamientos, que con independendencia de su contenido, no tienes que creer su historia ni dejarte llevar por ellos, cuando dejas que los pensamientos simplemente discurran por la conciencia con una sensación de curiosidad y sorpresa… te sientes más libre y en condiciones de actuar con mayor claridad. Si estás, por ejemplo, meditando, y viene a tu mente un pensamiento del tipo “tengo que llamar a Elena ahora mismo”, quizás te resulte complicado resistirte al impulso de levantarte y llamar a Elena. Si adviertes que es un pensamiento, quizás puedas evitar abandonar la meditación y verte llamando a Elena , cuando esa llamada podía esperar a que terminases lo que estabas haciendo.

Interpretamos el mundo en base a lo que ya pensamos. Practicar mindfulness nos ayuda a adoptar una filosofía no enjuiciadora.

“Ser consciente significa abandonar los juicios durante un tiempo, dejar de lado nuestro objetivos inmediatos para el futuro, y tomar el momento presente como es y no como nos gustaría que fuera.” Mark Williams

Los pensamientos no son hechos me repito más de una vez y dicha comprensión me resulta muy liberadora. Deseo que a vosotros también.

Esther Fernández

Fuente: Vivir bien con el dolor y la enfermedad, Vidyamala Burch

El Arte de apagar la ira: dominar el fuego interior

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¿Te has dejado llevar a situaciones muy desagradables por un enfado?  “Cuando te enojes, vuelve a ti mismo y cuida de tu ira y cuando alguien te haga sufrir, regresa a ti mismo y cuida de tu sufrimiento, de tu ira. No digas ni hagas nada, porque cualquier cosa que digas o hagas en un estado de ira podría estropear más tu relación”. Thich Nhat Hanh

Lo que frecuentemente hace la mayoría es perseguir a esa persona para castigarla en lugar de regresar a sí mismos.

En este sentido, me gusta el ejemplo que pone Thih Nah Hanh:

“Si tu casa se está incendiando, lo más urgente es volver a ella e intentar apagar el fuego, y no echar a correr detrás del que crees que la ha incendiado, porque si lo haces, tu casa se quemar mientras te dedicas a atraparle”.

Si realmente deseas apagar la ira, en lugar de seguir discutiendo con la otra persona o intentar castigarla, debes regresar a ti mismo a apagar el fuego. De lo contrario actúas como alguien que se pone a perseguir a un pirómano mientras su propia casa está ardiendo.

La ira es una emoción normal y sana, pero es importante afrontarla de forma positiva. La ira incontrolada puede afectar tanto a tu salud como a tus relaciones con los demás.

Puedes utilizar estas tres herramientas muy eficaces para apagar el fuego que hay en tu interior:

  1. Respirar conscientemente:

Inspirar de manera consciente es saber que el aire está entrando en tu cuerpo, y exhalar de manera consciente es saber que tu cuerpo está cambiando el aire. Entra en contacto con el aire y con tu cuerpo, y como tu mente está atenta a la respiración, también estás en contacto con ella; tal como es. Solo necesitas una respiración consciente para volver a entrar en contacto contigo mismo y con el mundo que te rodea, y tres respiraciones conscientes para mantener este contacto.

2. Observa conscientemente la naturaleza de tus percepciones

En el momento que te enojas, tiendes a creer que tu desdicha la ha creado otra persona, y la culpas de tu sufrimiento. Pero si observas más a fondo, quizás descubras que el principal causante de tu sufrimiento es la semilla de la ira que hay en ti. Tomar conciencia de las causas que te llevan a un estado de ira es un gran paso para avanzar hacia una buena gestión de tus enfados.

Cuando las personas se enfadan pierden toda la percepción de la felicidad. Aunque sean bien parecidos y normalmente pacíficos, sus caras se vuelven lívidas y feas. La ira trastorna su bienestar físico y perturba su descanso; destruye sus deseos y causa el envejecimiento prematuro. La felicidad, la calma y el sueño les rehuyen, y ya no aprecian a las personas que les ayudaron y que merecen su confianza y gratitud
-Dalai Lama.

Todos tenemos una semilla de la ira en el fondo de nuestra conciencia. Pero en algunos de nosotros, esa semilla es más grande que otras semillas, como las del amor o la compasión. La semilla de la ira puede ser más grande porque en el pasado no hemos practicado. Cuando empezamos a cultivar la energía de ser conscientes, la primera percepción que tenemos es que la principal causa de nuestro sufrimiento, de nuestra desdicha, no es otra persona, sino la semilla de la ira que hay en nosotros, y dejamos entonces de culpar a los demás de nuestro sufrimiento. 

3.Observar a fondo a los demás para comprender que también sufren mucho y necesitan nuestra ayuda.

Cuando alguien está enojado y no sabe como manejar su ira, se siente impotente, sufre. Obsérvalo. Al principio sientes que la persona que te enoja se merece un castigo. Deseas castigarla porque te ha hecho sufrir. Pero si observas quizás descubras que en vez de un castigo necesita ayuda. Y esta es una buena percepción: ayúdala en lugar de castigarla.

Para crear paz interior, lo más importante es la práctica de la compasión y el amor, la compresión y el respeto por los seres humanos. Los más poderosos obstáculos para ello son la ira y el odio, el temor y el recelo. De modo que, mientras la gente habla de desarme en el mundo entero, cierto tipo de desarme interno es prioritario.

Dalai Lama

La práctica de ser consciente conduce a la concentración y a la percepción interior. La percepción es el fruto de la práctica, y puede ayudarnos a perdonar y a amar a los demás. Practicar durante quince minutos o media hora el ser consciente, el concentrarte y el observar las percepciones interiores puede liberarte de tu ira y convertirte en una persona afectuosa.

Fuente: La Ira, el dominio del fuego interior,Thich Nhat Hanh

3 prácticas de mindfulness para comenzar el día

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“La meditación consiste en ofrecerte a ti mismo tu presencia genuina en cada momento. Es la capacidad de reconocer meridianamente que todo instante es un regalo de la vida, un regalo de la tierra y el cielo. En el zen, esto recibe el nombre de gozo de la meditación”. Tich Nhat Hanh

Cuando te despiertas, justo en ese momento, toma consciencia de que empieza un nuevo día. Que la vida te ofrece veinticuatro horas más para vivir, y que ese es un valioso regalo. Sonríe.

Puedes sostener la sonrisa en el rostro, incorporarte, sentarte, ponerte las zapatillas y caminar hacia el baño donde tienes una excelente oportunidad para cultivar mindfulness cada día con las siguientes prácticas:

  1. Lavarte la cara

Puedes conectar con una gran dosis de calma mientras te lavas la cara, te peinas o te duchas si sabes cómo proyectar la luz de la atención sobre cada una de las cosas que haces.

Por ejemplo, cuando abres el grifo, puedes disfrutar del contacto con el agua corriente que emana del grifo. Eso es la meditación. También tomas conciencia de lo afortunado que eres al disponer de agua corriente con tan solo accionar un mando.

El mindfulness es atención, es la capacidad de reconocer lo que está pasando en cada momento.

Abres el grifo y el agua fluye para ti. En muchos lugares carecen de suministro de agua. Abre el grifo lentamente, toma el agua entre las manos y te la llevas al rostro. Siente el agua en tus dedos, los ojos, las mejillas… habita el momento presente y disfruta de esas sensaciones que te despiertan.

Agradece el agua que llega a ti cada día.

Sé consciente de cada movimiento, no pienses en otras cosas. No te apresures en terminar y dedicarte a otra cosa.

  1. Lavarte los dientes

Vas a  dedicar uno o dos minutos a lavarte los dientes. No te apresures. Concentra toda tu atención en el cepillado. Cuentas con tiempo para cepillarte los dientes, para realizar el cepillado lentamente, centrándote en cada movimiento y las sensaciones físicas en ese momento.

Así pues, el reto consiste en cepillarte los dientes de modo que disfrutes de la tranquilidad y la felicidad durante el minuto o dos que dura la operación. Si puedes hacerlo, habrás tenido éxito; estarás meditando justo en ese instante.

  1. Meditar en la ducha

 Nada más entrar en la ducha, puedes comenzar centrarte en las sensaciones cuando tocas el agua, como la temperatura del agua, su textura…o la sensación al tocar la esponja, el jabón… Dejar que el chorro del agua caiga sobre tu cabeza unos minutos. Cerrar los ojos y sentir cómo se desliza el agua por toda la piel ; desde la cabeza, pasando por la cara, los brazos, la piernas, hasta llegar a los pies…Explorar, como si fuera la primera vez, las sensaciones táctiles al frotar cada parte de tu cuerpo. Abrirte, también, a los sonidos de las gotas de agua, o estimular tu olfato (oler primero el jabón que vas a aplicar).

Convierte la ducha en un momento especial del día, íntimo y placentero, un momento para ejercitar la atención consciente: tu momento.

Recuerda que cada día es un regalo. Una oportunidad para cultivar presencia en cada cosas que haces al iniciar el día y llevar esa actitud al resto de tu jornada.

Fuente: La paz está en tu interior, Tich Nhat Hanh

 

 

 

La postura de meditación

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La postura física influye en el estado mental. Si adoptas una postura demasiado relajada, hay muchas posibilidades de que tu meditación sea torpe y te produzca somnolencia. En cambio, una postura demasiado rígida y tensa puede propiciarte agitación mental.

Hay que adoptar una postura equilibrada, ni demasiado tensa ni demasiado relajada. En los textos, encontramos la descripción de la postura de los siete puntos, llamada vajrasana (postura «adamantina»):

  1. Las piernas están cruzadas en la postura del vajra, comúnmente llamada «postura del loto», en la que primero se coloca la pierna derecha doblada sobre la izquierda, y luego la izquierda sobre la derecha.

 

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Si esta postura resulta demasiado difícil, se puede adoptar la del «semiloto», que consiste en situar la pierna derecha bajo el muslo izquierdo, y la pierna izquierda bajo el muslo derecho (se trata de la denominada postura «feliz», llamada sukhasana):

  1. Las manos reposan sobre el regazo, en el gesto de la ecuanimidad, la mano derecha sobre la mano izquierda, de modo que la punta de los pulgares esté en contacto. Hay una variación que consiste en poner ambas manos a lo largo, sobre las rodillas, con las palmas hacia abajo.
  2. Los hombros están ligeramente levantados e inclinados hacia delante.
  3. La columna vertebral tiene que estar muy recta, «como una pila de monedas de oro».
  4. La barbilla ha de estar ligeramente inclinada hacia la garganta.
  5. La punta de la lengua toca el paladar.
  6. La mirada se dirige hacia delante o ligeramente hacia abajo, siguiendo la prolongación de la nariz, los ojos pueden mantenerse bien abiertos o entornados.

Si te resulta incómodo permanecer sentado con las piernas cruzadas, también puedes meditar sentado en una silla o sobre un cojín elevado.

Lo esencial es mantener una postura equilibrada, con la espalda bien recta, y adoptar otros puntos de la postura descrita más arriba. Los textos dicen que si el cuerpo está bien recto, los canales de la energía sutil también lo están, y, en consecuencia, el espíritu se mantiene claro.

No obstante, puedes modificar ligeramente la postura del cuerpo según vaya evolucionando la meditación. Si tienes tendencia a caer en el torpor mental, e incluso a dormimos, enderezas el busto adoptando una postura más tónica, y levantas la mirada hacia arriba. Pero si, por el contrario, tu espíritu está demasiado agitado, te relajas un poco y diriges la mirada hacia abajo.

Es importante mantener la postura apropiada el máximo tiempo posible, pero si empieza a resultarte demasiado incómoda, es preferible que te relajes durante unos instantes antes que estar constantemente distraído por culpa del dolor.

También puedes, dentro de tus capacidades, aprehender la experiencia del dolor, sin rechazarlo ni magnificarlo, y recibirlo como si fuera una sensación como las demás, agradable o desagradable, en la plena conciencia del momento presente.

Fuente: El Arte de la meditación, MATTHIEU RICARD

El Arte de agradecer: escribe cada día cosas que agradeces a la vida.

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No puedes estar agradecido por las cosas que no notas, así que la atención y la gratitud van de la mano. El antídoto para la tendencia del cerebro humano a buscar lo que va mal es la gratitud: un diario de gratitud es una forma muy poderosa y sencilla de aumentar tu bienestar con mindfulness al enfocar tu atención en las cosas positivas que suceden en tu vida dia a día.

“Solo hay dos formas de vivir la vida: una, es pensando que nada es un milagro y la otra, es creer que todo lo es.”  Albert Einsten

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Puedes escoger el momento que tú prefieras; al despertar para empezar a sentirte bien a lo largo del día, o tal vez prefieras hacerlo en la noche para agradecer todo lo que has vivido e influir positivamente en tu sueño.

En este post te explicamos cómo hacerlo

Cómo escribir un diario de gratitud