El Arte de la bondad

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El Arte de la bondad

La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas, Sigmund Freud.

Con la meditación puedes cultivar la bondad en tu mente. Existe una meditación exclusivamente para ello: la meditación de la bondad, una práctica basada en el amor hacia nosotros mismos y hacia los demás. Con esta meditación puedes dirigir la energía de la sanación hacia otras personas (amistades, seres queridos… a todo el mundo), además de a tu propio cuerpo. El proceso de generar sentimientos profundos de empatía, compasión y amor hacia los demás posee efectos purificadores sobre la mente.

Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro, Platón.

Esta meditación puede ayudarte a cultivar potentes emociones positivas en tu interior y dejar que partan malos deseos y resentimientos. Te ayuda a traer más armonía a tu relación con los demás y a tener menos conflictos ,  a  ser más considerado, amable y tolerante. Asimismo, puedes aprender a apreciar mejor a los demás, concentrándote más en sus cualidades positivas y haciendo menos caso a sus errores. Además, en esta práctica, cultivas bondad hacia ti mismo, lo que te posibilita experimentar también menos conflictos internos.

En el siguiente post te explico cómo realizarla:

https://mindfulnessartes.wordpress.com/2018/03/31/el-arte-de-cultivarte-vivir-con-bondad/

Me he dado cuenta en mi propia experiencia la fuerza que tiene y la calma y serenidad que produce con el tiempo. Cuando llevo tiempo si realizar esta práctica y la retomo, es como si me reconciliara conmigo misma y con el mundo. También he podido observar sus efectos en los participantes de los cursos de mindfulness que imparto. Te animo a que la practiques y experimentes por ti mismo el resultado.

Esther Fernández

http://mindfulnessartes.com/

Meditar caminando

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“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más”. Antonio Machado

 

A lo largo de nuestra vida pasamos mucho tiempo caminando. Nuestros pasos nos llevan de un lugar a otro, día a tras día, y vamos sumando kilómetros. Durante la mayor parte de este tiempo que destinamos a caminar, la mente no está en el presente, y mucho menos en la propia experiencia de andar. Y esto lo podemos extender al resto de actividades que realizamos a lo largo del día con el piloto automático.

Meditar caminando es un valioso método de entrenamiento mental, que facilita el desarrollo de la atención plena durante el resto del día en cada cosa que hacemos, sumando conciencia a nuestra vida diaria.

Puede realizarse en plena naturaleza, en la cuidad…o en casa, siempre que se camine. Tan solo es necesario abrir el protagonismo de los sentidos, el encuentro con la vida en cada paso, sin preocuparnos por llegar a ninguna parte.

El objeto principal de atención es el proceso de caminar en sí, llevando la atención  a la manera de dar un paso tras otro. Concentrarnos en las sensaciones que se producen en nuestros pies o , alternativamente, sentir el movimiento en todo nuestro cuerpo.

Aprender a establecer conciencia con el movimiento físico, despierta esa misma calidad de atención durante el resto de actividades que realizamos, tales como comer, conducir, trabajar…

Lo primero es tratar de centrarse uno mismo, ir soltando el pasado y el futuro , y llevar la atención a la respiración, conectando así con el cuerpo, con el presente, sin ninguna finalidad en particular, simplemente caminar a un ritmo lento y relajado, siendo plenamente consciente de cada paso.

Se puede comenzar, por ejemplo, con el pie derecho y prestar especial atención al movimiento del pie; como se eleva inicialmente de la tierra, se mueve en el aire, y regresa al suelo otra vez, y a continuación, dar un paso con el pie izquierdo, siendo igualmente atento. Y continuar caminando de esta manera consciente hasta que haya llegado al final del periodo tiempo que nos hemos propuesto (como práctica de meditación tenemos que tener la intención de hacerlo durante un periodo de tiempo, por ejemplo comenzar con diez o quince minutos).

Si mientras caminas te das cuenta de que la mente se ha distraído, suavemente, pero con firmeza, la traes de nuevo a los pies, a las piernas y al cuerpo.

Se puede practicar caminar con atención plena a cualquier ritmo, desde muy lento, empleando un minuto en un paso, lo que nos permite estar realmente con el movimiento de momento a momento, o a un ritmo más normal, o rápido para aprender a mantener la atención incluso yendo muy deprisa.

Por lo general caminamos siempre por alguna razón. La más habitual es querer o tener que ir a otro lugar. Experimentar la tranquilidad de estar con un paso a la vez, sin nada más que hacer y dónde ir, puede ser especialmente liberador.

Al igual que con cualquier método de meditación, la habilidad en la meditación caminando sólo proviene de la práctica regular y el esfuerzo paciente. Una vez hayamos practicado caminar con atención plena formalmente , podremos llevar la práctica con más facilidad a otras circunstancias de un modo informal, como puede ser el recorrido que hacemos cuando vamos a comprar algo, sumando así kilómetros de conciencia a nuestros días.

 

Fuentes:

Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn

Momentos mindful en los libros

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Chavela Vargas

Me encanta esta frase de Chavela. Entre los lugares donde he amado la vida se encuentran los libros. Así que yo diría que una regresa siempre a los libros donde amó la literatura (y la vida). Entre esos libros está Las Olas de Virginia Woolf. Una regresa siempre a la belleza de su prosa, a sus monólogos interiores, a su ritmo de olas de playa…

Este verano lo he vuelto a leer y he encontrado más riqueza, si cabe, con mi perspectiva ampliada con la práctica y la enseñanza de Mindfulness.

Os comparto uno de los muchos fragmentos mindful:

“Ahora se han ido todos”, dijo Louis. “ Estoy solo. Todos han entrado en casa para desayunar, y he quedado en pie junto al muro entre las flores. Es muy temprano, antes de las clases. Flor tras flor puntean la profundidad verde. Los pétalos son arlequines. Los tallos surgen de los negros hoyos. Las flores nadan como peces de luz, en la superficie de las oscuras aguas verdes. Sostengo un tallo en la mano. Soy el tallo. Mis raíces descienden hasta las profundidades del mundo, a través de tierras secas, de roca, a través de húmedas tierras, de vetas de plomo y de plata. Soy todo fibra. Todos los temblores me estremecen…”.

Qué maravilla contemplar la flor, adentrarse en ella hasta el tallo, ser el tallo, sentir la tierra y fundirse con todo ampliando la perspectiva.

Un abrazo