El arte de hacer una pausa

Hacer una pausa es una forma de salir del piloto automático y conectar con el ahora. Un puente que te lleva del “hacer” al “ser”. Lo único que tienes que proponerte es pasar unos minutos sentado sin hacer nada: únicamente ser.

Una pausa te abre la puerta para apreciar plenamente cada momento de la vida.

Lo más complicado en la práctica de mindfulness es profundizar en ella, fortalecerla y perseverar, sobre todo en tiempos de dificultad. Si deseas poseer una atención plena que impregne de una profunda calma y presencia los momentos de tu vida, hasta en las etapas más complicadas, requieres mucha práctica.

Una manera sencilla de reforzar la calma y la claridad en la mente es practicar dos o tres minutos sentado sin hacer nada. Lo puedes hacer en cualquier momento del día y cuántas veces consideres oportuno. Lo único que necesitas es sentarte en una postura cómoda y comenzar a fijarte en que estás respirando, luego pasas a observar todo el proceso de la respiración, desde que el aire entra en tu cuerpo, a cómo lo recorre hasta que, finalmente, el aire sale. Y cada vez que notes que tu mente se distrae, la vuelves a llevar a la respiración con amabilidad.

Puedes utilizar algún elemento que te recuerde hacer una pausa y bajarte del tren de la inercia cotidiana como, por ejemplo, una pulsera, un amuleto o una App en el teléfono móvil.

Creé hace años un álbum de fotos en facebook que titulé Fragmentos para recordarme esos instantes de conexión con la belleza del modo ser. Y he ido llenándolo de fotografías todos estos años para inspirarme e inspirar el arte de conectar con el momento presente.

Comparto el texto de Hölderlin que introduce las fotografías:

“Todo mi ser permanece en silencio para poder escuchar las tiernas olas del aire que juegan alrededor de mi cuerpo. Perdido entre el inmenso azul, a menudo elevo los ojos hacia el éter y los inclino sobre el sagrado mar: y entonces me parece que un espíritu fraterno me abre sus brazos y que el sufrimiento de la soledad se disuelve en la vida divina.

Pero, ¿qué es la vida divina, el cielo del hombre, sino fundirse uno con todas las cosas?

Fundirse en uno con todas las cosas vivas y volver, mediante un alegre olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza: este es el más alto grado del pensamiento y el gozo, la cima sagrada, el lugar de la eterna calma en que el mediodía pierde su ardor, el trueno su voz y la agitación del mar se confunde con el sonido del viento en el maíz.

¡Fundirse en uno con todas las cosas vivientes! Con estas palabras, la virtud rechaza su severa armadura y el espíritu del hombre su cetro. Todos los pensamientos se funden ante la imagen de un mundo eternamente uno, tal como hacen las reglas del artista apasionado ante su Urania; la dura fatalidad abdica, la muerte abandona el círculo de las criaturas, y el mundo, protegido de la separación y del envejecimiento, irradia una belleza superior”.

Hacer una pausa a lo largo del día es un recurso muy valioso para desarrollar la atención plena e incrementar tu bienestar y claridad, además de reducir el estrés.

Aprender a ser sin más puede cambiarte la vida.

 

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