Meditar caminando

 

“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más”. Antonio Machado

 

A lo largo de nuestra vida pasamos mucho tiempo caminando. Nuestros pasos nos llevan de un lugar a otro, día a tras día, y vamos sumando kilómetros. Durante la mayor parte de este tiempo que destinamos a caminar, la mente no está en el presente, y mucho menos en la propia experiencia de andar. Y esto lo podemos extender al resto de actividades que realizamos a lo largo del día con el piloto automático.

Meditar caminando es un valioso método de entrenamiento mental, que facilita el desarrollo de la atención plena durante el resto del día en cada cosa que hacemos, sumando conciencia a nuestra vida diaria.

Puede realizarse en plena naturaleza, en la cuidad…o en casa, siempre que se camine. Tan solo es necesario abrir el protagonismo de los sentidos, el encuentro con la vida en cada paso, sin preocuparnos por llegar a ninguna parte.

El objeto principal de atención es el proceso de caminar en sí, llevando la atención  a la manera de dar un paso tras otro. Concentrarnos en las sensaciones que se producen en nuestros pies o , alternativamente, sentir el movimiento en todo nuestro cuerpo.

Aprender a establecer conciencia con el movimiento físico, despierta esa misma calidad de atención durante el resto de actividades que realizamos, tales como comer, conducir, trabajar…

Lo primero es tratar de centrarse uno mismo, ir soltando el pasado y el futuro , y llevar la atención a la respiración, conectando así con el cuerpo, con el presente, sin ninguna finalidad en particular, simplemente caminar a un ritmo lento y relajado, siendo plenamente consciente de cada paso.

Se puede comenzar, por ejemplo, con el pie derecho y prestar especial atención al movimiento del pie; como se eleva inicialmente de la tierra, se mueve en el aire, y regresa al suelo otra vez, y a continuación, dar un paso con el pie izquierdo, siendo igualmente atento. Y continuar caminando de esta manera consciente hasta que haya llegado al final del periodo tiempo que nos hemos propuesto (como práctica de meditación tenemos que tener la intención de hacerlo durante un periodo de tiempo, por ejemplo comenzar con diez o quince minutos).

Si mientras caminas te das cuenta de que la mente se ha distraído, suavemente, pero con firmeza, la traes de nuevo a los pies, a las piernas y al cuerpo.

Se puede practicar caminar con atención plena a cualquier ritmo, desde muy lento, empleando un minuto en un paso, lo que nos permite estar realmente con el movimiento de momento a momento, o a un ritmo más normal, o rápido para aprender a mantener la atención incluso yendo muy deprisa.

Por lo general caminamos siempre por alguna razón. La más habitual es querer o tener que ir a otro lugar. Experimentar la tranquilidad de estar con un paso a la vez, sin nada más que hacer y dónde ir, puede ser especialmente liberador.

Al igual que con cualquier método de meditación, la habilidad en la meditación caminando sólo proviene de la práctica regular y el esfuerzo paciente. Una vez hayamos practicado caminar con atención plena formalmente , podremos llevar la práctica con más facilidad a otras circunstancias de un modo informal, como puede ser el recorrido que hacemos cuando vamos a comprar algo, sumando así kilómetros de conciencia a nuestros días.

 

Fuentes:

Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn

Un pensamiento en “Meditar caminando

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