El arte de abrazarte

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Una manera sencilla de calmarte y consolarte a ti mismo cuando te sientes mal consiste en darte un abrazo cariñoso. Puede parecerte un poco absurdo al principio, pero tu cuerpo no lo sabe, de manera que reacciona respondiendo a ese gesto de cariño como lo haría un bebé en brazos de su madre. Nuestra piel es un órgano increíblemente sensible. Las investigaciones indican que el contacto físico libera oxitocina, proporciona sensación de seguridad, alivia las emociones estresantes y calma la tensión cardiovascular.

Como comentábamos en el post  El arte de cuidarte a ti mismo: beneficios de la autocompasión (I) La autocompasión implica reconocer tu propio sufrimiento, faltas y errores y responder con amabilidad, cuidado y comprensión. Es hablarte y tratarte como si fueras un amigo. Es ver tus problemas y errores como parte de ser humano.

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El abrazo se considera una de las principales demostraciones de afecto del ser humano, ¿Por qué no dártelo a ti mismo como una madre abraza a un niño?

Si te sientes tenso, preocupado, triste, o autocrítico, prueba a darte un abrazo cálido, acaríciate con ternura el brazo o la cara, o balancea suavemente tu cuerpo. Lo importante es que realices un gesto inequívoco que transmita sentimientos de amor, atención y ternura.

Si hay otras personas contigo puedes rodearte el cuerpo con los brazos de una forma discreta y darte un apretón suave y reconfortante. También puedes imaginar simplemente que te abrazas si no puedes realizar el gesto físico.

Observa cómo sientes tu cuerpo después de recibir el abrazo ¿lo sientes más cálido, más tranquilo? Resulta sorprendente lo fácil que es poner en marcha el sistema de oxitocina y cambiar la experiencia bioquímica.

Prueba a darte abrazos varias veces al día cuando pases una mala racha. Así empezarás a desarrollar el hábito de consolarte físicamente cuando lo necesites y aprovecharás al máximo ese método de ser amable con uno mismo.
Fuente: Sé amable contigo mismo, Kristin Neff

Meditación 6 minutos de mindfulness

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Hacer una pausa es una forma de salir del piloto automático y conectar con el ahora. Un puente que te lleva del “hacer” al “ser”. Lo único que tienes que proponerte es pasar unos minutos sentado sin hacer nada: únicamente ser.

Una pausa te abre la puerta para apreciar plenamente cada momento de la vida.

Puedes guiarte escuchando esta meditación.

Meditación

El Arte del desapego

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Imagina que te encuentras en una sala de conciertos escuchando los
compases de la más melodiosa de las músicas y que, de pronto,
recuerdas que se te ha olvidado dejar cerrado el automóvil. Comienzas
a preocuparte y ni puedes salir de la sala ni disfrutar de la música. He
ahí una perfecta imagen de la forma que tienen que vivir la vida la
mayoría de los seres humanos.


Porque la vida, para quienes tienen oídos para oír, es una sinfonía;
pero es rarísimo el ser humano que escucha la música. ¿Por qué?
Porque la gente está demasiado ocupada en escuchar los ruidos que
sus circunstancias y su “programación” han introducido en su cerebro.
Por eso,,, y por algo más: sus apegos. El apego es uno de los
principales asesinos de la vida. Para escuchar de veras la sinfonía hay
que tener el oído lo bastante sensible como para sintonizar con cada
uno de los instrumentos de la orquesta. si únicamente disfrutas con los
instrumentos de percusión, no escucharás la sinfonía, porque la
percusión te impedirá captar el resto de los instrumentos . lo cual no
significa que no puedas preferir dicho sonido, o el de los violines, o el
piano, porque la mera preferencia por uno de los instrumentos no
reduce tu capacidad de escuchar y disfrutar de los demás. Pero, en el
momento en que tu preferencia se convierta en “apego”, te harás
insensible a los restantes sonidos y no podrás evitar el minusvalorarlo.
Tu apego excesivo a un determinado instrumento te cegará, porque le
concedes un valor desproporcionado.


Fíjate ahora en una persona o cosa por la que experimentes un apego
excesivo: alguien o algo a quien hayas concedido el poder de hacerte
feliz o desdichado. Observa cómo – debido a tu empeño en conseguir a
esa persona o cosa- pierdes sensibilidad con relación al resto del
mundo. te has insensibilizado. ten el coraje de ver cuán parcial y ciego
te has vuelto ante ese objeto de tu apego

Meditación 10, Anthony de Mello

Soy el amo de mi destino: Invictus

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Cuando leer un poema te eleva. Hay palabras que salvan. Versos que han nacido en el extremo, como el poema Invictus. Dicen que Nelson Mandela lo recitaba de memoria en los momentos más difíciles durante su cautiverio de 27 años en prisión.

Escrito en 1875 por el poeta inglés William Ernest Henley (1849–1903), el poema es una expresión de su actitud ante las dificultades de la vida. Henley sufrió tuberculosis de niño, tuvo que pasar un año postrado y tuvieron que amputarle una pierna a raíz de la enfermedad. No se hundió, no dejó de hacer cosas. De hecho, él inspiró a su amigo Robert Louis Stevenson el inolvidable personaje de Long John Silver en “La Isla del Tesoro”.

Es un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia humana enfrentadas a los momentos más desoladores, solitarios y terribles de la existencia.

Solo recordarme y recitar los dos últimos versos, varias veces, me devuelve la magia de saberme dueña de mis destino.

INVICTUS

Fuera de la noche que me cubre,

Negra como el abismo de polo a polo,

Agradezco a cualquier dios que pudiera existir

Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia

Ni he gemido ni he gritado.

Bajo los golpes del azar

Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas

Es inminente el Horror de la sombra,

Y sin embargo la amenaza de los años

Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,

Cuán cargada de castigos la sentencia.

Soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma.

Invictus Poem

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear

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Queramos o no, la vida nos plantea retos, problemas, dolor…  Enfrentarte a las dificultades de forma que encuentres soluciones eficaces, calma y bienestar es todo un arte: no puedes detenerlas, pero sí puedes aprender a gestionarlas.

El problema del estrés, en su raíz, constituye una parte natural de la vida de la que no puedes escapar. Algunos intentan escapar del estrés construyendo muros entre sí y la vida, otros intentan anestesiarse de alguna manera. Y es algo normal evitar parecer dolores innecesarios y dificultades, y todos necesitamos, de vez en cuando, distanciarnos de nuestros problemas, pero si “escapar y evitar” se convierten en el modo habitual de tratar tus problemas, lo que ocurrirá es que estos se multiplicarán.  Desde luego, no van a desaparecer por arte de magia. No. Lo que se anula o desaparece cuando evades y no conectas con los problemas es tu poder de crecimiento, de cambio, sanación…

Cuando eres capaz de enfrentarte a las dificultades movilizando tus recursos internos para enfrentarte con creatividad a tus problemas, por lo general la presión del propio problema te ayuda a orientarte para salir adelante, como un marino cuando orienta la vela para aprovechar la mejor fuerza del viento e impulsar su embarcación. Si aprendes a navegar y a cómo utilizar la energía del viento, con paciencia, a veces podrás llegar donde desees.

Pero si quieres emplear la fuerza de los problemas para avanzar con un marinero, entonces tendrás que conectar con ellos, igual que el marinero lo está con su barca, la mar, el viento, su rumbo. No puedes controlar el tiempo meteorológico. Los marinos aprenden a interpretarlo con sumo cuidado y respetan su fuerza.

El arte de vivir consciente es desarrollar habilidades para enfrentarte y salir de las variables condiciones meteorológicas de la vida.

En el mundo actúan infinidad de fuerzas totalmente fuera de tu control. Tu capacidad de influir en tus circunstancias depende, en gran medida, de tu forma de ver las cosas.

Los estoicos hicieron énfasis en separar los eventos de su interpretación. No puedes elegir qué te ocurre en la vida, pero puedes elegir tu respuesta. Y esta respuesta depende en gran medida de tu perspectiva. En definitiva, como dijo Epicleto: Los hombres no se perturban por las cosas, sino por la interpretación que de ellas hacen. Merece la pena cultivar la forma en que interpretamos, ¿verdad? La manera en la que vemos las cosas afecta tanto a la cantidad de energía con que contamos para hacerlas, como a nuestra elección de hacia dónde canalizarla. La atención plena constituye básicamente una forma determinada de prestar atención.

Todos tenemos capacidad de alcanzar la atención plena. Todo lo que tienes que hacer es cultivar tu capacidad de prestar atención al momento presente. El mindfulness o atención plena puede conducirte a que descubras en ti lugares de relajación y calma. Una fuente de energía para comprenderte mejor y sanar.

Se anuncia tormenta y hoy no podré ver amanecer… Y no puedo controlar el tiempo pero sí elegir mi respuesta: lectura, buena música, incienso, té… y la casa se hace una isla de calma.

Esther Fernández

Fuente: Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn

Los pensamientos no son hechos

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Los pensamientos constituyen una de las principales causas del estrés cuando quedas atrapado en su ciclo creyéndolos. Normalmente, cuando surge un pensamiento, solemos tomarlo al pie de la letra, solemos creer lo que nos está diciendo, y luego vemos el mundo desde la óptica de este pensamiento.

“No te creas todo lo que piensas. Los pensamientos no son más que eso: pensamientos”. Allan Lokos

Un error muy extendido es creer que meditar significa “dejar la mente en blanco”, lo cual es imposible: los pensamientos siempre se hallarán presentes durante tu meditación. La cuestión no es cómo puedo deshacerme de mis pensamientos sino como trabajar con ellos.

Pero no podemos dejar de pensar.

Una de las habilidades que se desarrollan con mindfulness es darse cuenta de los pensamientos a medida que surgen en la mente y dejarlos ir. 

Con mindfulness simplemente intentamos ser conscientes de cualquier cosa que ocurra en el momento presente, incluyendo los pensamientos.

Intentamos hacerles sitio, observándolos como pensamientos, y dejándolos estar. Cuando te das cuenta de que los pensamientos son solo pensamientos, que con independendencia de su contenido, no tienes que creer su historia ni dejarte llevar por ellos, cuando dejas que los pensamientos simplemente discurran por la conciencia con una sensación de curiosidad y sorpresa… te sientes más libre y en condiciones de actuar con mayor claridad. Si estás, por ejemplo, meditando, y viene a tu mente un pensamiento del tipo “tengo que llamar a Elena ahora mismo”, quizás te resulte complicado resistirte al impulso de levantarte y llamar a Elena. Si adviertes que es un pensamiento, quizás puedas evitar abandonar la meditación y verte llamando a Elena , cuando esa llamada podía esperar a que terminases lo que estabas haciendo.

Interpretamos el mundo en base a lo que ya pensamos. Practicar mindfulness nos ayuda a adoptar una filosofía no enjuiciadora.

“Ser consciente significa abandonar los juicios durante un tiempo, dejar de lado nuestro objetivos inmediatos para el futuro, y tomar el momento presente como es y no como nos gustaría que fuera.” Mark Williams

Los pensamientos no son hechos me repito más de una vez y dicha comprensión me resulta muy liberadora. Deseo que a vosotros también.

Esther Fernández

Fuente: Vivir bien con el dolor y la enfermedad, Vidyamala Burch

El Arte de la bondad

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El Arte de la bondad

La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas, Sigmund Freud.

Con la meditación puedes cultivar la bondad en tu mente. Existe una meditación exclusivamente para ello: la meditación de la bondad, una práctica basada en el amor hacia nosotros mismos y hacia los demás. Con esta meditación puedes dirigir la energía de la sanación hacia otras personas (amistades, seres queridos… a todo el mundo), además de a tu propio cuerpo. El proceso de generar sentimientos profundos de empatía, compasión y amor hacia los demás posee efectos purificadores sobre la mente.

Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro, Platón.

Esta meditación puede ayudarte a cultivar potentes emociones positivas en tu interior y dejar que partan malos deseos y resentimientos. Te ayuda a traer más armonía a tu relación con los demás y a tener menos conflictos ,  a  ser más considerado, amable y tolerante. Asimismo, puedes aprender a apreciar mejor a los demás, concentrándote más en sus cualidades positivas y haciendo menos caso a sus errores. Además, en esta práctica, cultivas bondad hacia ti mismo, lo que te posibilita experimentar también menos conflictos internos.

En el siguiente post te explico cómo realizarla:

https://mindfulnessartes.wordpress.com/2018/03/31/el-arte-de-cultivarte-vivir-con-bondad/

Me he dado cuenta en mi propia experiencia la fuerza que tiene y la calma y serenidad que produce con el tiempo. Cuando llevo tiempo si realizar esta práctica y la retomo, es como si me reconciliara conmigo misma y con el mundo. También he podido observar sus efectos en los participantes de los cursos de mindfulness que imparto. Te animo a que la practiques y experimentes por ti mismo el resultado.

Esther Fernández

http://mindfulnessartes.com/